MAR MENOR

Tesoro del sureste español, con sus 170 km2 de superficie, la albufera del Mar Menor es el lago salado más extenso de Europa. Situado en la costa suroriental de la Península Ibérica está separado del Mediterráneo por La Manga, una franja de arena en la que se abren unos canales o golas que ponen en comunicación los dos mares.

El Mar Menor tiene 73 kilómetros de costa, y a sus orillas se van sucediendo playas, de aguas transparentes y profundidad máxima de 7 metros, templadas por el sol y muy ricas en sal y yodo.

El clima es benigno y privilegiado. Tal es así que siempre se ha hablado de la constante primavera del Mar Menor, que alcanza una media anual de temperatura en torno a los 17ºC. Goza de los inviernos más cálidos de la Península con temperaturas medias que no descienden de los 10ºC, propicios para disfrutar de una soleada calma, y de los veranos mas suaves de la costa mediterránea gracias a las ligeras brisas de Levante, que proporcionan una temperatura media mensual de 25ºC. Otra bondad de esta tierra mediterránea a destacar son las 3.000 horas de sol al año, que proporcionan 320 días de excelente clima en el que disfrutar en plenitud.

Este ecosistema es de una riqueza paisajística y biológica únicas, que cuenta con diversas figuras de protección. Está considerado Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) y Humedal de Importancia Internacional (RAMSAR), así como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Entre las especies protegidas resaltan el fartet, un pez endémico del levante ibérico, y el caballito de mar, mientras que en flora silvestre encontramos el cornical. También por su valor ecológico son hábitats a destacar sus islas de origen volcánico, La Perdiguera, Mayor, Redonda, Ciervo y Sujeto, que cuentan con la declaración de Paisaje Protegido de los Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor.

En el MAR MENOR los primeros asentamientos encontrados datan del Paleolítico, aunque las concentraciones de población de las que se tiene más información y de las que se han encontrado más vestigios son de las épocas romana y árabe.

Los romanos lo llamaban Belich y apreciaban mucho la zona, donde desarrollaron una importante industria de salazones. Había también un importante tráfico marítimo, de lo que se desprende que tuvo que darse un asentamiento fundamentalmente industrial. Lo citaban como puerto de refugio incluso para naves pesadas, pues contaba con mucha más profundidad. Este tráfico era posible porque en la época romana, el Mar Menor estaba prácticamente unido al Mediterráneo. Con el tiempo, sufrió un lento y paulatino cierre y su aspecto comenzó a ser similar al actual hace unos 1.000 años.

De la misma manera, en escritos árabes y cartagineses de la época se hablaba de la importancia de las salinas situadas en la zona norte, hoy una de las zonas húmedas más importantes de España, así como de las artes de pesca llamadas Encañizadas, que hoy se conservan una vez restauradas.

Antiguas crónicas, como el Libro de Montería de Alfonso X, hablan de la riqueza faunística y la belleza paisajística de esta zona. La Isla del Ciervo conserva el toponímico del animal que la habitó, mientras que en la vecina localidad de Pinatar se encontraban antaño jabalíes y todavía cuenta con tordos, gallinetas, ánades y otras aves acuáticas que hacen la invernada en las tibias aguas de este singular mar.

El paso de todas estas civilizaciones por nuestro Mar Menor le ha dado, desde hace siglos, un talante turístico tanto a su gente como a su forma de vida y ya hace más de cien años que es considerado como un importante centro turístico internacional.